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Opinión: EE. UU. atiza la división de Europa

Ines Pohl
4 de junio de 2018

El anuncio del embajador de EE. UU. en Alemania sobre que piensa inmiscuirse directamente en la política europea provocó un escándalo. Pero no basta con indignarse, dice la redactora en jefe de DW, Ines Pohl.

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Richard Grenell es el nuevo embajador de EE. UU. en Alemania.
Richard Grenell es el nuevo embajador de EE. UU. en Alemania.Imagen: picture-alliance/AP Photo/R. Drew

Alemania está indignada. Pocas horas después de la publicación de una entrevista con el embajador estadounidense en Alemania, Richard Grenell, se empiezan a alzar las voces que piden que se lo expulse del país. El motivo: en una conversación con el portal estadounidense de derecha Breitbart, este hombre de Trump declaró que quiere apoyar a las fuerzas conservadoras en Europa que están en contra del establishment. Los pasajes en los que habla de una "mayoría silenciosa”, del bienestar del ciudadano trabajador, de la crítica a la política actual hacia los refugiados y del alejamiento de la realidad de las élites políticas, bien podría repetirlos en un acto de campaña del partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD). Seguramente se ganaría el aplauso del público. Sin embargo, no es la primera vez que Grenell se entromete tan explícitamente en asuntos alemanes. Apenas asumió su cargo, exhortó a las empresas alemanas que se retiraran de sus negocios en Irán, con el trasfondo de la disputa transatlántica en torno al acuerdo nuclear con ese país.

Intromisión inusitada

Ines Pohl, redactora en jefe de Deutsche Welle.
Ines Pohl, redactora en jefe de Deutsche Welle.Imagen: DW/P. Böll

De hecho, es algo inusitado, hasta ahora, que un embajador se entrometa tan directamente en la política del país en el que ejerce la diplomacia. Hasta el momento, la tarea de un embajador consistía en manifestarse acerca de la política del propio país, en tender puentes y en pacificar conflictos. Pero, quien ahora se irrita y se sorprende de que Grenell defina su tarea de manera tan diferente, todavía no entendió que, con Trump en la Casa Blanca, todo ha cambiado. También la tarea diplomática.

Trump es un hombre de negocios y viene del negocio del espectáculo, donde ha logrado sus mayores éxitos. Su concepto de política no es "el arte de lo posible”, como lo definió una vez Otto von Bismarck, primer canciller del Imperio Alemán. Como para todos los populistas, lo importante para Trump y su equipo es causar el mayor efecto posible. Cuando Grenell habla de migración en cadena y, al mismo tiempo, elogia al canciller austríaco Sebastian Kurz, conocido por su línea dura, sabe exactamente lo que está haciendo. Quiere animar a las fuerzas europeas que, como Trump, desafían al orden establecido. Sus declaraciones están dirigidas a los jefes de Gobierno de la derecha nacionalista, como el del Hungría o el de Polonia. Es decir, a aquellos que cuestionan a Europa en su forma actual.

El objetivo es debilitar la unidad europea

Para sumar puntos, Grenell utiliza, con mucha habilidad, como lo hace el presidente de su país, no solo los miedos de la gente. También aprovecha la debilidad del sistema a fin invocar un nuevo orden en el Viejo Continente. Un orden que debilitaría la unidad de la Unión Europea y que solo beneficiaría a EE. UU.

Las respuestas estridentes, la irritación y los pedidos de renuncia de Grenell no ayudan a enfrentar esta estrategia de debilitamiento de la UE. En esta competencia por el tono más fuerte siempre ganará Trump. A Alemania y a sus socios europeos no les queda otra alternativa que aceptar que en Donald Trump ya no se puede confiar y que, por el contrario, el presidente estadounidense ya no solo amenaza con una guerra comercial contra Europa, sino que ahora también utiliza a su élite diplomática en Europa para acelerar la división de la UE.

Solo puede haber una respuesta a este nuevo estilo de relación transatlántica: un claro acuerdo para el futuro de Europa en el que no solo jueguen un papel los grandes países sino también los pequeños. Aunque sea amargo, el antiguo aliado EE. UU. se ha convertido, por el momento, en un peligro que atiza la división de la Unión Europea. Después de esta entrevista, ya no queda ninguna duda.

Autora: Ines Pohl (CP/ERS)