Volver a Chernóbil: 40 años del desastre que cambió el mundo
24 de abril de 2026
Automóviles oxidados abandonados en las calles, trozos de juguetes y de aparatos electrodomésticos, pedazos de vajilla, y letreros descoloridos en ruso que informan sobre el grado de radioactividad yacen desparramados junto a edificios de viviendas vacíos, con las ventanas rotas y las puertas arrancadas.
La ciudad ucraniana de Prípiat, también llamada "Atomgrad" (Ciudad atómica) era hace 40 años el gran orgullo de la energía atómica soviética. Se le auguraba un futuro promisorio. Está ubicada cerca de la central nuclear de Chernóbil, que la cúpula de la ex Unión Soviética (URSS) quería convertir en la mayor de su tipo. En total, se planeaba la construcción de doce bloques de reactores, y los trabajadores vivirían con sus familias en Prípiat.
Cuando estalló el Bloque 4 en Chernóbil, el 26 de abril de 1986, Prípiat existía desde hacía solo 16 años. Contaba con 160 edificios con 13.500 viviendas, 15 jardines de infantes y cinco escuelas.
"No sabíamos qué consecuencias tendría este accidente"
Cuarenta años después, en la ciudad fantasma, la maleza y los árboles crecen sin control entre las ruinas de los edificios y en todas partes.
"Esta es la calle Lesia Ukrainka, y nuestra casa, la número 18-A, donde vivía en la planta baja con mis padres y mi hermano mayor", relata este hombre de 58 años. La escalera es bastante espaciosa y cómoda, y los pasillos son amplios.
La puerta del antiguo apartamento de Vorobei está abierta. Entra directamente a su habitación y recoge un disco de entre la basura. Le recuerda toda la música que solía escuchar su familia. Pero también rememora cuánto echaba de menos las zapatillas nuevas y modernas que había dejado en un armario durante la evacuación.
En el oscuro pasillo del departamento tenemos que encender las linternas de nuestros móviles. Vorobei ve unos zapatos, y dice: "Esos eran míos. Los recibimos en la escuela de formación profesional".
Un cartel con los nombres de los vecinos todavía cuelga en la entrada del edificio. Vorobei no sabe qué pasó con ellos luego de la evacuación. Desde la catástrofe de Chernóbil no volvió a ver a ninguno de ellos.
En abril de 1986, Volodimir Vorobei tenía 18 años. Trabajaba como electricista en una empresa estatal que, en el día anterior al accidente nuclear, colocaba cables eléctricos que conducían al Bloque 4, el reactor que luego explotó.
Vorobei no escuchó la explosión, y por la mañana se dispuso a salir para su trabajo. Pero los autobuses no venían, y llegó a la central nuclear a pie, junto con un amigo. "En ese momento no sabíamos ni lo que había pasado, ni dónde había sucedido exactamente. "No nos encontramos con humo, sino con calor. Un auténtico torrente de calor se elevaba hacia el cielo", relata. "Un hombre que pasó en bicicleta nos dijo que era peligroso estar allí. Así que nos fuimos a casa".
No fue sino hasta la noche que se enteró por su hermano mayor, que trabajaba en la central nuclear, del accidente y de la inminente evacuación. "Al principio, pensamos que solo serían unos días", recuerda Vorobei. Su familia abandonó Prípiat la noche del 26 de abril en un tren abarrotado. "Desde la ventanilla del tren, vimos el Bloque 4 del reactor destruido. En ese momento no pensamos en ello, y no sabíamos cuáles serían las consecuencias del accidente, ni que nunca volveríamos a casa".
"El átomo debe ser un trabajador, no un soldado"
Caminamos por el centro de Prípiat hasta el cine Prometeo. Volodimir Vorobei solía ir allí con sus amigos. Los símbolos soviéticos son omnipresentes en el centro de Prípiat. Los tejados de dos rascacielos aún lucen emblemas de la Ucrania soviética, y en otro se lee en enormes letras metálicas la frase "El átomo debe ser un trabajador, no un soldado".
Vorobei dice que esa era la idea en la que se basaba toda la industria nuclear soviética. En universidades e institutos, en capacitaciones para trabajadores, siempre se transmitía que la energía atómica de la URSS era la más segura del mundo. Explica que nadie podría haber imaginado que habría una explosión nuclear. "Se nos dijo que un accidente nuclear era imposible. Que se habían tomado medidas de precaución para todo, y que todo estaba calculado. Ni siquiera se nos ocurría que podría haber un accidente", cuenta.
Por eso, la mayoría de los habitantes de Prípiat y Chernóbil, incluidos los empleados de la central nuclear, desconocían los peligros reales para la salud y el medio ambiente. Desde luego, no sabían nada sobre la magnitud de la contaminación radioactiva, explica Vorobei. Y los que sabían no lo divulgaban. "Una palabra imprudente podía costarte el puesto".
¿La obediencia ciega al partido también contribuyó a la catástrofe?
Vorobei reflexiona que quizás el desastre de Chernóbil nunca habría ocurrido si este estilo de liderazgo autoritario soviético no hubiera existido también en la industria nuclear. Además, un accidente similar en la central nuclear de Leningrado en 1975 fue encubierto.
En Chernóbil no se produce electricidad desde el año 2000. Sin embargo, los trabajos para desmantelar la planta nuclear continúan hasta el día de hoy.
"Quizás la historia habría tomado un rumbo diferente"
La noria o rueda gigante de Prípiat, símbolo mundialmente famoso de la ciudad abandonada, oficialmente nunca estuvo en funcionamiento. Se iba a inaugurar el 1º de mayo de 1986, Día del Trabajo. "No crean los cuentos de hadas de que nadie se ha subido. Estudiantes de mi escuela de formación profesional, incluido yo mismo, fuimos utilizados como sujetos de prueba. Así que me subí", dice Volodimir Vorobei, sonriendo, a la reportera de DW.
Vorobei admite que todavía no sabe qué dosis de radiación recibió en 1986. "Se puede solicitar un certificado, pero no quiero hacerlo", explica. A la pregunta de cómo la catástrofe de Chernóbil cambió su vida, responde que a los 18 años aún no tenía ningún plan en particular.
Pero ahora, 40 años más tarde, al reflexionar sobre los acontecimientos, le parece que "en aquel momento todos iban en una dirección, para luego dar un giro inesperado y tomar un camino diferente". Y por eso, afirma, "la historia del mundo y de Ucrania podría haber tomado un rumbo diferente si no hubiera ocurrido el desastre de Chernóbil".
(cp/rml)