En mayo de 2025 se cumplirán 50 años del inicio del proceso penal contra los terroristas de la primera generación de la RAF en Alemania. A las víctimas de mayor relevancia pública, como Hanns Martin Schleyer y Alfred Herrhausen, se les sigue recordando. Quedaron condenados al olvido los nombres de quienes no eran prominentes: policías, conductores, empleados públicos, un diplomático. Algunos tenían hijos. Tenían doce, trece o apenas dos años cuando la RAF los convirtió en huérfanos de padre. Crecieron a la sombra de los asesinatos, que dejaron huellas profundas en sus biografías. Es una perspectiva esencial a la historia de la RAF: una que no se centra en los asesinos, sino en las víctimas desconocidas del terror.