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EE. UU. vs. China: así es la lucha por controlar la energía

21 de abril de 2026

El mundo está pendiente de las consecuencias del bloqueo del estrecho de Ormuz. Pero, tras bambalinas se libra otra batalla: la carrera entre EE. UU. y China por el control de la energía mundial.

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Amanecer el 18 de abril de 2026, sobre buques cisterna anclados en el estrecho de Ormuz, frente a la isla iraní de Qeshm.
¿Para quién saldrá finalmente el sol en la carrera energética mundial?Imagen: Asghar Besharati/AP Photo/picture alliance

Sin importar de qué modo termine la guerra entre Estados Unidos e Irán, los mercados mundiales de energía necesitarán mucho tiempo para volver a la normalidad. Y muchos observadores están convencidos de que la explosión de los precios del combustible dará un impulso decisivo a la marcha triunfal de las energías renovables.

Porque detrás de la actual lucha de poder en el golfo Pérsico, se está librando la batalla entre las dos economías más grandes del mundo por el dominio del escenario energético global del futuro.

Los actores: Estados Unidos bajo el Gobierno de Donald Trump, que está totalmente comprometido con aumentar la producción de petróleo y gas, y China, que durante más de una década ha pasado de ser el mayor emisor de CO2 del mundo a convertirse en el líder mundial de la revolución de la energía eléctrica.

Estados Unidos quiere mantener viva la era de los combustibles fósiles por el mayor tiempo posible, mientras los chinos ponen en práctica paso a paso su estrategia de dominio de los mercados con paneles solares, baterías de almacenamiento y automóviles eléctricos "Made in China".

Petróleo y gas, la palanca económica y de política exterior de EE. UU.

"En Estados Unidos, es muy claro que la agenda del dominio energético, que apuesta fuertemente a los combustibles fósiles, es la que intenta utilizar la riqueza energética del país en el área fósil en la política exterior. Esto llega incluso a incluir intentos de someter a otros Estados ricos en recursos, como Venezuela, o mejor dicho, de controlar sus recursos, producción y exportaciones”, afirma el experto en energía Andreas Goldthau, en entrevista con DW.

"Por el otro lado tenemos a China, que apuesta con todo a la descarbonización, al área de tecnologías limpias", dice Goldthau, en referencia a las energías renovables sumadas a la energía atómica, "y a una reducción de las importaciones de petróleo y gas. No se trata solo de política climática. Por el contrario, es una cuestión de seguridad económica", agrega el director de la Escuela Willy Brandt de Políticas Públicas, de la Universidad de Erfurt.

Imagen del estrecho de Ormuz con una lupa sobre el mapa.
A pesar del auge de la energía solar y eólica, China sigue dependiendo del petróleo y el gas de Oriente Medio.Imagen: CFOTO/picture alliance

A su juicio, los chinos han reconocido claramente su dependencia para poder mantener su modelo económico, y están tomando fuertes medidas para contrarrestarlo. "Los chinos son los mayores inversores en energías renovables y tecnologías limpias. Y, entretanto, China es líder en aquellas tecnologías que son necesarias para controlar la transición energética", añade.

Ya se trate de redes inteligentes de energía ―solar o eólica―, ya nada es posible sin productos y componentes chinos, inclusive las tierras raras. "Allí los chinos han logrado avances significativos, incluso en electrolizadores (para la producción de hidrógeno verde) y almacenamiento de energía en baterías. La lista es larga. Y lo hacen en parte para fortalecer su resiliencia, pero también, por supuesto, para alcanzar cierto grado de autosuficiencia y soberanía", afirma Goldthau.

Según el análisis de la Agencia Internacional de Energía (AIE) y de la consultora McKinsey, ya hoy en día se fabrican en China entre un 60 y un 70 por ciento de todos los coches eléctricos del mundo. Y, dado que el país registra un débil crecimiento económico, surgen enormes excedentes que son exportados de manera creciente a Europa.

El éxito del programa "Made in China 2025"

Pekín también tiene un as en la manga en cuanto a las tecnologías claves en la transición energética. China controla actualmente cerca de un 80 por ciento de la cadena de suministros mundial de energía fotovoltaica. En algunos subsectores (como la producción de obleas de silicio), la cuota supera incluso el 95 por ciento. Según el informe Global EV Outlook de la AIE, China instaló más capacidad solar solo en el primer semestre de 2025 que el resto del mundo en conjunto.

También la participación de China en la producción mundial de turbinas eólicas ha aumentado enormemente en los últimos años. Según cifras de la Asociación Mundial de la Energía Eólica (WWEA, por sus siglas en inglés), y datos de Bloomberg New Energy Finance (Bloomberg NEF), China representó aproximadamente el 72 por ciento del mercado mundial de turbinas eólicas nuevas en 2025. Ocho de los diez fabricantes líderes a nivel mundial son, entretanto, compañías chinas, como Goldwind o Envision.

Entre 2020 y 2025, las exportaciones de tecnología verde de China se cuadruplicaron con creces, y para 2025, según cálculos del centro de estudios energéticos Ember, el sector de la energía limpia contribuyó con más de un tercio al crecimiento total del PIB de China.

Centrales eléctricas de carbón y parques solares en la provincia china de Shaanxi.
Alrededor del 60 por ciento de las necesidades energéticas totales de China todavía se cubren con carbón, a pesar del auge de las energías renovables.Imagen: Ng Han Guan/AP Photo/picture alliance

EE. UU. domina el área de combustibles fósiles

Por otro lado, bajo el mandato de Trump, Estados Unidos está frenando las energías renovables mientras expande agresivamente los combustibles fósiles. "Drill, baby, drill", ("¡Perforen, perforen!") gritaba Trump a sus seguidores durante la campaña electoral. Y perforar sin parar es también el lema del secretario de Energía de Trump, Chris Wright, fundador y exdirector ejecutivo de Liberty Energy, la segunda mayor empresa de fracking de Norteamérica.

"No es ningún secreto que Estados Unidos bajo Trump persigue una política del 'dominio energético'. Es evidente que esa política se está llevando a cabo. El ministro de Energía, Chris Wright, habla de eso desde hace años. Y este dominio se logrará mediante el impulso de la producción nacional de petróleo y gas por parte de Estados Unidos, así como de las exportaciones.

El objetivo es obtener el control de activos extranjeros, como en Venezuela, y lo que aún podría suceder en Irán", afirma Henning Gloystein, experto en energía que realiza investigaciones en la oficina de Londres de la consultora Eurasia Group, con sede en Nueva York.

La revolución del fracking en EE. UU. y la exportación de energía

En tan solo 20 años, Estados Unidos pasó de ser el mayor importador de petróleo y gas a nivel mundial, a convertirse en el mayor exportador mundial de gas y uno de los principales exportadores de petróleo, señala el secretario de Energía, Wright. Esto fue posible gracias a la "Revolución del Esquisto", el auge de la fracturación hidráulica en Estados Unidos, que incrementó enormemente los volúmenes de producción de gas natural y petróleo.

"Hoy, Estados Unidos produce más petróleo que Arabia Saudita y Rusia juntas, y más gas natural que Rusia, Irán y China juntas, asegurando así su papel como líder energético mundial indiscutible", afirma confiada la Casa Blanca en su sitio web.

Pero, en cuanto a diversificación de la energía, China va a la cabeza. Eso sí, aún le queda mucho camino por recorrer: el carbón todavía representa alrededor del 60 por ciento de las necesidades energéticas totales de China.

(cp/rml)

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