Estados Unidos anunció que controlará indefinidamente la venta del petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro, una medida que redefine el futuro energético y político de Venezuela.
La Administración Trump ha pedido a las grandes petroleras invertir miles de millones en la industria del crudo, pero estas exigen seguridad jurídica, tras años de inestabilidad y expropiaciones. Aunque Venezuela tiene las mayores reservas probadas de crudo del mundo, años de corrupción, falta de inversión y las sanciones estadounidenses han deteriorado profundamente su infraestructura petrolera.
A esto se suma una deuda externa gigantesca, en gran parte vinculada a acuerdos con China, lo que complica el manejo de los ingresos petroleros. Washington ha blindado esos fondos frente a acreedores y controla su distribución, lo que genera dudas sobre transparencia y sobre quién será realmente el beneficiado: Estados Unidos o la población venezolana que espera una recuperación urgente.