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Los altos precios de la gasolina no reflejan solo la escasez física del pretróleo a raíz de la guerra de Irán. Por un lado, el crudo se negocia en mercados de futuros, donde no solo cuenta lo que ocurre hoy, sino lo que los inversores creen que va a pasar mañana. Y ahora mismo, las expectativas son pesimistas. Por otro, las gasolineras ajustan sus precios pensando en el coste futuro de reposición del combustible. En este contexto, gobiernos e instituciones debaten entre intervenir o dejar actuar al mercado, mientras crece la presión por acelerar la transición hacia energías renovables.