Sabanas y pastizales de América Latina, biomas olvidados
27 de junio de 2026
Con la mirada fijada en la próxima cumbre de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (Cnuld), COP17, que se celebrará en Mongolia el próximo mes de agosto, delegaciones de más de una decena de países en la región participaron los pasados 17 y 18 de junio junto con esta organización internacional y miembros de la sociedad civil en el Encuentro Regional Preparatorio de Sabanas y Pastizales rumbo a la COP17, organizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) en Quito, Ecuador.
"Los pastizales y las sabanas han sido durante décadas los grandes ausentes de la agenda globalde biodiversidad y cambio climático, a pesar de su papel crítico para la resiliencia ecológica y social de América Latina", explica a DW Gabriel Quijandría, director regional de la UICN para América del Sur.
"Durante mucho tiempo, los pastizales han sido el 'bioma olvidado'. A menudo se perciben como tierras vacías o marginales, cuando en realidad son ecosistemas altamente productivos. Esa percepción ha contribuido a que su degradación reciba mucha menos atención pública que la pérdida de ecosistemas como los bosques", agrega a DW Andrea Meza, secretaria ejecutiva adjunta de la Cnuld.
"Los bosques y selvas tropicales han concentrado la atención pública y las inversiones en conservación”, coincide Sofía Rincón, coordinadora regional de Orinoquía para WWF Colombia, apuntando a la Amazonia. "Aquí, la conservación y uso sostenible de las sabanas naturales de la Orinoquía juega un rol clave, pues dependiendo de las decisiones que tomemos pueden convertirse en un escudo bioclimático de la Amazonia, o por el contrario en un acelerador de su punto de no retorno", dice a DW.
Ecosistemas con múltiples beneficios
"Las sabanas y los pastizales conservan una biodiversidad extraordinaria, regulan los ciclos del agua, almacenan grandes cantidades de carbono en sus suelos y fortalecen la resiliencia frente al cambio climático. Además, sostienen los medios de vida de más de 30 millones de personas en América Latina, incluyendo comunidades indígenas, pueblos pastoriles y productores locales que han desarrollado prácticas sostenibles durante generaciones", apunta Quijandría.
"En América Latina, los pastizales están en el corazón de algunos de los paisajes más emblemáticos y productivos de la región, como el Cerrado, los Llanos, el Gran Chaco, la pampa o la puna andina”, recuerda Meza, recalcando que "sólo en Sudamérica cubren más de 40% de la superficie continental”.
"Además, son el escenario de una avifauna extraordinaria. Las aves de pastizal, al alimentarse de frutos y semillas y desplazarse cientos de kilómetros durante sus migraciones, contribuyen a la regeneración y conectividad de estos ecosistemas", explica a DW Francisco Rilla, consultor independiente sobre biodiversidad de la Convención sobre las Especies Migratorias (CMS/Convención de Bonn).
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En estado de degradación
A pesar de los beneficios que aportan a la propia naturaleza y a la humanidad, llama la atención su estado de conservación. "A nivel mundial, hasta la mitad de los pastizales están degradados o en riesgo de degradación y América Latina no es una excepción", alerta Meza.
"En América Latina, pastizales como el Cerrado, en Brasil, o los del cono sur como los del Chaco, entre Paraguay y Argentina, las pampas argentinas o las sabanas de la Orinoquia colombiana enfrentangrandes presiones por la expansión agrícola y los cambios en el uso del suelo que esto demanda, el desarrollo de infraestructura de manera desordenada y también por la forestación inadecuada", advierte Rincón.
Meza apunta a los efectos del cambio climático como otra de las causas de la aceleración de la degradación de algunos de los pastizales más importantes de la región. "En el Cerrado brasileño, por ejemplo, se ha perdido alrededor de un millón de hectáreas de vegetación nativa al año en los últimos años, mientras que ecosistemas como los Llanos o el Gran Chaco enfrentan procesos crecientes de transformación y fragmentación", recalca la secretaria ejecutiva adjunta de la Cnuld.
"Los ecosistemas naturales de la Orinoquia se vienen transformando a una tasa alarmante de 200.000 hectáreas por año, convirtiéndose en cultivos con sistemas productivos y/o extractivos", continúa Rincón.
"Además de la pérdida y fragmentación del hábitat, las aves de pastizal en estos ecosistemas están amenazadas por el uso inadecuado de agroquímicos y regímenes de manejo del fuego desfavorables", añade Rilla por su parte.
Cerrando una brecha histórica
El Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026 y la COP17 de la Cnuld presentan una oportunidad para cambiar la perspectiva. Para Meza, ambas ocasiones contribuyen a "elevar el perfil político de estos ecosistemas, movilizar nuevas alianzas y acelerar las inversiones necesarias para su gestión sostenible".
En este sentido, el encuentro de la semana pasada pretende "cerrar una brecha histórica de conocimiento, financiamiento y reconocimiento político para que los pastizales y las sabanas ocupen el lugar que les corresponde en las soluciones globales", afirma Quijandría, recalcando que "ningún país puede enfrentar este desafío por sí solo".
El fortalecimiento de los derechos de las comunidades, la mejora de los sistemas de monitoreo y financiamiento específico son algunas de las prioridades que se consensuaron en el marco de dicho encuentro que ha contado con la Plataforma Regional de Sabanas y Pastizales. Se trata de una iniciativa que se lanzó el pasado mes de diciembre, en el marco del marco del proyecto Salvaguardar los ecosistemas olvidados: proteger, gestionar y restaurar pastizales y sabanas en Argentina, Colombia y Paraguay, financiado por el gobierno de Alemania a través de la Iniciativa Internacional sobre el Clima (IKI).
"La COP17 de la Cnuld ofrece una oportunidad para que América Latina contribuya al debate global, no sólo desde sus desafíos, sino también desde las soluciones y experiencias que está desarrollando sobre el terreno", asegura Meza. "Brasil está impulsando la recuperación de millones de hectáreas de pastos degradados e integrando agricultura, ganadería y restauración en una misma estrategia. Uruguay, por su parte, ha promovido modelos de producción ganadera climáticamente inteligente que muestran cómo mejorar la productividad reduciendo al mismo tiempo la presión sobre los ecosistemas", explica al asegurar que la restauración de los pastizales no debe verse como un gasto, sino como "una inversión estratégica para fortalecer la producción de alimentos, mejorar la gestión del agua, generar oportunidades económicas y reducir los riesgos asociados a la degradación de la tierra y la sequía".