Manifesta 16 Ruhr: el legado de las iglesias de la posguerra
29 de junio de 2026
La 16ª edición de Manifesta, la bienal europea itinerante de arte contemporáneo y desarrollo urbano, se celebra este año en la región alemana del Ruhr, al oeste del país, con un eje singular: recuperar iglesias que perdieron su función religiosa.
Bajo el lema "Esto no es una iglesia", artistas internacionales intervienen doce templos desacralizados de Bochum, Duisburgo, Essen y Gelsenkirchen. Las instalaciones buscan transformar estos edificios en espacios culturales, de encuentro y participación ciudadana.
Entre las propuestas figura una obra de Emil Walde en la iglesia Nuestra Señora de Duisburgo, realizada con antiguos vitrales dañados de la estación central de la ciudad. En la iglesia de Santa Ana, en Gelsenkirchen, se presentan trabajos de Ming Wong, Philipp Gufler y Cana Bilir-Meier, además de actividades abiertas al público, como un encuentro para quienes alguna vez quisieron jugar al básquet dentro de una iglesia.
Un patrimonio que perdió su función
La disminución de fieles en las iglesias católicas y protestantes también afecta al Ruhr, la mayor área metropolitana de Alemania. Cada año decenas de templos son reconvertidas y quedan sin uso, aunque su arquitectura conserva el testimonio de una etapa decisiva de la historia alemana.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la entonces República Federal de Alemania impulsó una intensa reconstrucción. En ese contexto, numerosos arquitectos retomaron las corrientes modernas que habían quedado interrumpidas durante el nazismo y diseñaron iglesias alejadas de los estilos tradicionales.
"La República Federal podía presentarse internacionalmente como un país progresista, abierto y moderno", explica la historiadora del arte Manuela Klauser, integrante del grupo de investigación sobre la Transformación del Espacio Sagrado de la Universidad de Bonn. Según señala, esas construcciones también recuperaban ideas arquitectónicas desarrolladas antes del régimen nazi.
Las "iglesias de las pantuflas"
En la región del Ruhr se levantaron alrededor de mil iglesias. Eran conocidas como las "iglesias de las pantuflas", porque cualquier vecino podía llegar caminando en pocos minutos, incluso si se había levantado tarde un domingo.
"La iglesia debía ser el centro de sus vidas", explica Klauser. "No se trataba solo de asistir a misa con regularidad, sino también de ofrecer servicios sociales que fortalecieran la vida de los barrios, como bibliotecas públicas o programas para personas mayores y niños", agrega.
La escasez de materiales obligó además a reutilizar escombros y restos de edificios destruidos durante la guerra. Un ejemplo es la iglesia protestante de Getsemaní, en Bochum, una de las 43 "iglesias de emergencia" diseñadas por Otto Bartning.
Arquitectura para una nueva democracia
Estas iglesias se construían a partir de estructuras prefabricadas de madera, mientras que las comunidades completaban los cimientos y los muros con materiales disponibles en cada lugar.
"La gente no se sentía excluida por un diseño arquitectónico terminado, sino que se la invitaba a participar. Esa experiencia compartida fortaleció a la propia comunidad", afirma Klauser.
La arquitectura también reflejaba el cambio político. Frente al monumentalismo del nazismo, predominaban edificios sencillos, funcionales y cercanos a la vida cotidiana.
"Estas iglesias fueron diseñadas para nuevos barrios y para acercar a la población al ideal democrático, utilizando materiales familiares de su vida cotidiana", cuenta la historiadora. "La estética minimalista tenía además un fundamento teológico: permitir que las personas llenaran esos espacios con su propia espiritualidad".
Nuevos usos para viejos templos
Décadas después, muchas de esas iglesias permanecen vacías y la pregunta es qué hacer con ellas. Manifesta propone responder esa pregunta con la gente mediante proyectos artísticos y comunitarios.
En la sección "16+", un jurado seleccionó iniciativas que se desarrollarán en diez ciudades del Ruhr. Entre ellas figuran un espacio de encuentro intercultural con el colectivo de danza Pottporus Young Ensemble en la Christuskirche de Herne y talleres de construcción y cocina para jóvenes en la iglesia de la Sagrada Familia de Oberhausen, que desde 2007 funciona también como centro de distribución de alimentos.
La bienal Manifesta 16 Ruhr se celebra hasta el 4 de octubre con entrada gratuita y propone mirar estas edificaciones no como reliquias del pasado, sino como espacios capaces de adquirir una nueva vida en el centro de sus comunidades.
(ct/elm)